Resident Evil Requiem ya está afuera. La nueva entrega de la saga promete gráficos de última generación, ambientación más oscura y ese salto técnico que define cada nueva etapa de la franquicia. Pero esta vez, siendo honesto… no me alcanzó la quincena para comprarlo en Xbox Series S.
Y en lugar de frustrarme, hice algo que cualquier fan del survival horror entendería perfectamente: miré hacia atrás.
Volví a encender mi Sega Dreamcast modificada, cargué desde el disco duro los tres clásicos que Capcom lanzó para la consola y activé la salida VGA a 480p en mi monitor Samsung de 18,5 pulgadas. Y lo que encontré fue algo que no esperaba: estos juegos no solo resisten el paso del tiempo… se ven increíblemente bien.
Porque antes de los remakes modernos y antes del realismo fotográfico, hubo una época en la que la Dreamcast representó el verdadero salto generacional para la saga. Fue allí donde vimos versiones mejoradas de Resident Evil 2 y Resident Evil 3: Nemesis, y donde nació uno de los capítulos más ambiciosos de la franquicia: Resident Evil Code: Veronica.
Tal vez no estoy jugando lo más nuevo en 2026.
Pero estoy redescubriendo una de las mejores formas en que Resident Evil evolucionó técnicamente sin perder su esencia.
Y eso, créanme, vale completamente la pena.











